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Mensaje de Corpacoros Más de 500 eventos de música tradicional se realizan en el país. Un dato que nos permite proyectar el estado de esa forma musical: 5.000 agrupaciones, 500.000 artistas, con el temor de equivocarnos pero por defecto.¿Cuántos eventos corales, cuántos coros, directores, coreutas, gestores culturales? Son preguntas que quienes hacemos parte del movimiento coral colombiano, no estamos en capacidad de responder.Tenemos que enREDarnos. En principio para reconocernos, para hacernos cómplices  en una actividad en que se nos va el tiempo... la vida.


Red Coral de Colombia COMO LAS ARAÑAS, EL MOVIMENTO CORAL COLOMBIANO TEJE SU RED.Cuando una araña va a construir una RED, lo primero que hace es buscar una pequeña rama para poder hacer un nudo con su tela. Lo amarra muy bien, de modo que sea resistente para unirlo al otro extremo. Después que los dos puntos están bien amarrados y los somete a una prueba de resistencia, la araña comienza a tejer la RED.


La Gestión Cultural La profesión de Gestor Cultural es nueva, por lo menos en nuestro medio. “El gestor cultural, por la naturaleza multidisciplinar y, al tiempo, libre, desprejuiciada de su accionar, ejerce una profesión que modifica y toca un conjunto de la realidad social como casi no lo puede y no lo debe hacer ningún otro interlocutor o actor de la vida pública y privada. Así, el gestor cultural es un privilegiado actor cuya acción refleja lo que somos y lo que queremos ser como sociedad, nuestras aspiraciones,  nuestras preocupaciones”.


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La profesión de Gestor Cultural es nueva, por lo menos en nuestro medio.

“El gestor cultural, por la naturaleza multidisciplinar y, al tiempo, libre, desprejuiciada de su accionar, ejerce una profesión que modifica y toca un conjunto de la realidad social como casi no lo puede y no lo debe hacer ningún otro interlocutor o actor de la vida pública y privada. Así, el gestor cultural es un privilegiado actor cuya acción refleja lo que somos y lo que queremos ser como sociedad, nuestras aspiraciones,  nuestras preocupaciones”.

Es bien grande la responsabilidad que se le asigna al gestor cultural. A tal punto que en nuestro país muchos dicen ser los autores de la frase “quien empuña un instrumento, nunca empuñará un fusil” y se llega a creer que muchos de los problemas que nos afectan se solucionarían simplemente si  metemos a todos los muchachos en una agrupación musical cualquiera.

Y aquí en esta tarea que le asignan los gobernantes, aparece otra función del gestor cultural: ser un intermediario entre individuos y grupos, entre poderes públicos e institucionales y privados, conjugando intereses y agendas muy variadas. Por su responsabilidad, entonces, entra en contacto con una variedad enorme de sectores de la vida social.

Aunque casi siempre los cargos de dirección cultural del gobierno corresponden a cuotas políticas,  el GC casi nunca es un cargo partidario, pues en  nuestro país incluso es asumido voluntariamente por quien lo ejerce. Pero el GC hace alta política como desarrollo en el nivel local, regional y nacional.
Estas tareas que desde afuera se le asignan al GC, lo obligan a plantearse una pregunta: ¿Cuál es su concepción de cultura?

La cultura va más allá del ámbito de lo sublime, del culto a las bellas artes. La vieja oposición entre Alta Cultura (burguesa, normativa, académica) y Baja Cultura (popular, espontánea, apócrifa) ha quedado hoy del todo superada. La cultura no se limita a un conjunto de artefactos y producciones sacrosantas que sólo pueden ser elaboradas por académicos de alta formación. La cultura tampoco puede ser un conjunto de actividades para ocupar el tiempo libre. Hoy, es necesario un concepto de cultura amplio que permita la diversidad.

La Cultura es el conjunto de las producciones simbólicas que hacen que un individuo determinado se sienta concernido por un conjunto mayor de pertenencia, que puede ser su barrio, su tribu, su ciudad, su región, su comunidad, su país o su civilización. Así hablamos de horizontes amplios vinculados en general con las tradiciones históricas de un pueblo o conjunto de pueblos.

Hoy se recurre a la cultura como mecanismo de cohesión social, de salvaguarda de valores, de fortalecimiento de raíces y compromisos con la comunidad. Al mismo tiempo, la cultura aparece como un hecho rentable política, económica y numéricamente.

A la cultura se le asigna también un carácter ético: ofrece la posibilidad de recuperación de una ética de la virtud, una ética de recuperación de valores, que afecte nuestras relaciones interpersonales, familiares, comunitarias.

La Gestión Cultural se compone de un conjunto de actividades que incluyen la administración de unos recursos siempre escasos, el número de actos programados y una línea de trabajo abordada a corto, mediano y largo plazo. Así, en algunos casos no importa lo masivo de un hecho cultural, sino si se afectó un sector específico de la comunidad o la calidad objetiva del acto cultural.

Toda acción cultural definida por un Gestor Cultural, debe contar con los siguientes elementos:

 

1. Un Programa general de contenidos.

 Consiste en la definición de una línea de trabajo que determine el conjunto de actos programados. Un ejemplo, sería la definición del evento de Corpacoros, como Encuentro de Música Coral Colombiana, que aunque no excluye la posibilidad de otras modalidades y géneros, si implica un dominio de esta especialidad.  Esta definición, que debe ser pública, garantiza que no se haga de todo y permite establecer una relación clara con los artistas.

2. Un Proyecto Ejecutivo.

 Permite sistematizar y operativizar el programa general de contenidos. Es definir, unos objetivos, unas metas. Se trata de saber hacia dónde se va  con un presupuesto determinado, a quién acudir de manera exitosa para obtener recursos económicos o apoyos logísticos. Se trata también de actuar dentro de la legalidad y la transparencia en el cumplimiento de unas normas contables y tributarias en el manejo de los recursos y la contratación de servicios y bienes.    Un proyecto ejecutivo es en sentido estricto, un cronograma preciso de lo que se espera hacer en cada momento. El cronograma como temporalización de un proyecto, lo incluye todo.

3. Una agenda ejecutiva

 En ella se detalla con toda precisión lo que se espera de los protagonistas del hecho cultural, de acuerdo a lo pactado. Debe detallar la localización de las acciones, la asignación de responsabilidades de trabajo, los criterios técnicos, los plazos de ejecución, los recursos  económicos para cada fase, la evaluación, las validaciones y registros contables. Una agenda ejecutiva es tan importante como un buen programa: es la imagen del GC como profesional, pues es la garantía de que los participantes desearán volver.

4. Promoción y publicidad.

 He aquí el cuello de botella de la gestión cultural en Colombia. Por lo general, no hay un presupuesto para gastos de promoción y publicidad y se espera que se realice gracias a una generosidad inexistente de los medios. Además, en muchos casos es diseñada por gente inexperta. El GC debe definir una táctica de impacto comunicativo a corto plazo, decidir que sector de la población se desea afectar, saber “titular” el evento, definir que tipo de medios publicitarios se van a utilizar. De esta  manera, se va consolidando una marca, una imagen reconocible y duradera.

5. Un balance de gastos y cuentas claras.

 Establecer cuál es el presupuesto y cuáles son los mecanismos de control del mismo, seguir las normas contables, cumplir los mandatos legales, los trámites requeridos para el  ingreso de los recursos públicos y privados, las obligaciones que contemplan los contratos que realice y un informe final que muestra el buen uso de los recursos y la transparencia en su manejo.

6. Una memoria anual.

La memoria no es sólo el balance que exigen los sectores público y privado. Es una herramienta que permite documentar un hecho cultural. La memoria debe hacerse no al final del año, sino a través de él. Debe existir un registro de cada una de las actividades establecidas en el cronograma.

7. Una base de datos.

Una base de datos debe contener información sobre los entes públicos y privados del sector cultural, los artistas y agrupaciones que pueden participar de un evento, los Talleristas que pueden apoyar un proceso.

 
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